LOS POLÍTICOS NOS MIENTEN


Si se analiza con objetividad y limpieza la realidad de España, se descubre que el principal drama del país no es la corrupción, ni la baja calidad de su clase política, ni siquiera la falta de democracia y de ética,

sino la mentira. La mentira y el engaño se han instalado dentro en el corazón del Estado y en la sociedad, y son los recursos preferidos del poder para someter y gobernar. Los políticos justifican sus obras con mentiras, dicen lo contrario de lo que ellos piensan, ocultan secretos inconfesables, y engañan a los ciudadanos con sus propuestas y promesas, que muchas veces ni siquiera piensan cumplir. En España se oculta y persigue la verdad y ese reino de la mentira destruye la convivencia e impide la democracia, que fue ideada como el imperio de la transparencia y de la verdad.

Hay cuatro grandes mentiras reinando en España y miles de otras pequeñas de las mentiras pequeñas pudriendo y envileciendo el país. La primera gran mentira es que vivimos en una democracia; La segunda es que la ley, en España, es igual para todos; La tercera es que el actual sistema es mejor que el Franquismo; Y la cuarta es que los partidos políticos son necesarios y sirven para algo.

Hay otros miles de mentiras circulando, envejeciendo la política, ensuciando el liderazgo, invalidando la democracia y atolondrando a los ciudadanos, pero no son tan dañinas como las cuatro citadas. Entre ellas destacan que los políticos son honrados, que no hay dinero suficiente para mantener las pensiones y los servicios básicos, que endeudarse es necesario, que se cobran los impuestos justos, que gobiernan para los ciudadanos, que nos representan y que se pretende educar y formar a los niños y jóvenes, cuando es justo lo contrario.

Nadie miente más que el poder político, sobre todo cuando ese poder, como ocurre en España, se ha apropiado del Estado, ha demolido el sistema de controles democrático y ha expulsado a los ciudadanos con la intención de quedarse con todos los privilegios y beneficios del poder público. El Estado, cuando está en manos de corruptos y rufianes sin respeto a la democracia, es el peor mentiroso. Los periodistas son los grandes cómplices del "engaño español", pero sus principales responsables son los políticos, que han optado por la mentira como método de gobierno.

Cuando los gobiernos mienten, envilecen a los ciudadanos y destruyen la convivencia. Las hemerotecas descubren con frecuencia la bajeza de los políticos, que cambian de opinión y criterio con frecuencia, además de incumplir sus promesas, pero la frecuencia de esas aberraciones es tal que cada día se ve con más normalidad que los políticos se comporten como canallas, falsos y malas personas.

Los gobiernos mentirosos, como los que han gobernado España desde la muerte de Franco, con énfasis especial en la figura del gran falsificador Pedro Sánchez, son indignos de gobernarnos y deben ser rechazados y expulsados del poder por la ciudadanía decente y sana. En efecto, esas cuatro grandes mentiras, son las líneas maestras de todo, y luego los miles de mentiras más pequeñas, que mantienen el negocio, porque de negocio se trata. Al fin y al cabo, es la forma de vida exclusiva de miles de personas. Si fuera una empresa, que para ellos lo que es, y será la empresa más grande de España.

Pero el problema mayor no es ese, el gran problema es que la sociedad se ha convertido a la mentira y hoy mentimos todos y si no soltamos nuestra mentira diaria, no nos quedamos tranquilos. Por eso, porque vivimos en la mentira, la gente sigue aceptando la ficción política. Es como lo de las uvas del Lazarillo.

El gran problema y la gran miseria de este sistema es que en cuarenta años han conseguido transformar una sociedad razonablemente sana y dinámica, en una sociedad podrida y conformista. Por eso pueden manipular las elecciones a su gusto, porque, en el fondo, a la gente ni le importa ni le interesa la verdad.

La verdad es demasiado terrible para esta sociedad. Supone, ni más ni menos, que se acabó vivir del cuento y que cada uno tiene que vivir conforme a sus posibilidades y esfuerzo. Y eso es terrible en esta sociedad hedonista que tenemos. Esta sociedad que busca el placer, ante todo. Una sociedad egoísta e individualista.

Un ejemplo lo tenemos en las relaciones de pareja. Ya no hay matrimonios. La gente se junta temporalmente y si les interesa, les apetece o el instinto es demasiado fuerte, tienen uno o dos hijos, que se criarán como puedan y cuando se harten el uno del otro, se separarán, porque si han firmado papeles, no lo han hecho con la intención de ser para siempre, sino hasta que "acabe el amor", fórmula mágica que se dice pero que no es real, porque nunca han amado al otro, ha sido una atracción del tipo que sea y por tanto, pasajera. Pura mentira.

Alguna vez, supongo, los historiadores, porque también supongo que en el futuro los habrá, no como ahora, que no hay, explicarán la transición y la principal explicación será que se creó una casta y esta casta corrompió a una sociedad razonablemente sana e inocente. Lo demás, ha venido solo. pero los cimientos se pusieron en los diez primeros años.

Esta casta la formaron, inicialmente, los sinvergüenzas del régimen, que, como todos los regímenes, estaba plagado de ellos. Las personas decentes, que eran mayoría, se fueron a sus casas y si eran funcionarios se limitaron a vegetar esperando la jubilación, sin atreverse a denunciar la deriva, entre otras cosas porque nadie les habría creído. En realidad, derivar una sociedad sana hacia la mentira, es muy fácil, basta con decirles lo quieren oír. El gobernante es que le dice a la sociedad lo que esta necesita y minimiza los esfuerzos necesarios para conseguirlo.

Y conseguir que la gente haga el esfuerzo difícil, pero cuando se gobierna es lo que se debe hacer y es la forma en que los pueblos prosperan. El camino fácil lleva a la ruina. Como estamos viendo hoy día...