LOS POLÍTICOS NO TIENEN VERGÜENZA



En estos días conmemoramos el 50 aniversario del cierra de la verja de Gibraltar, una de la medida discutida y discutible, pero que representó una de las escasas victorias de España

en su débil lucha por recuperar esa colonia británica, la única que existe en Europa, es ella, una verdadera espina clavada en el alma y la dignidad de España, aunque muchos españoles cobardes se empeñen en decir que Gibraltar debe seguir siendo británico porque hay miles de españoles que trabajan dentro del Peñón.

El 8 de junio de 1969, Franco decretó el cierre de la verja de Gibraltar como medida de respuesta a la entrada en vigor en la colonia de una Constitución, en la que los llanitos expresaban su deseo de pertenecer a la Corona británica. Fue la única respuesta digna y soberana de España en mucho tiempo. A partir de la muerte de Franco, todo han sido debilidades y concesiones a una colonia que, gracias a la cobardía de los políticos españoles, es hoy un próspero paraíso “Pirata” donde se refugia el dinero sucio de las drogas.

Se han cumplido 50 años del cierre de la Verja de Gibraltar, una medida decretada por Francisco Franco, que cambió para siempre la historia del Campo de Gibraltar. Fue su respuesta a la entrada en vigor de una Constitución en el Peñón que los gibraltareños aprobaron tras votar en un referéndum que querían seguir vinculados a la corona británica.

Por orden de Franco, «España cierra su frontera con Gibraltar», un tal domingo 8 de junio de 1969, con una portada monográfica con una imagen del Peñón de Gibraltar. Fue cuando en la gran respuesta a las recientes medidas británicas sobre Gibraltar, el Consejo de Ministros español adoptó diversos acuerdos. Entre éstos, el cierre de la frontera, disposición que se les publicará mañana lunes en el Boletín Oficial del Estado. Los 4.820 obreros españoles en el Peñón se acogerán al seguro del desempleo, al cien por cien», recogía en su primera de varios periódicos de España.

Aquello supuso un mazazo del que, La Línea de la Concepción (Cádiz), ciudad que linda con Gibraltar, nunca llegó a recuperarse. En el Peñón, las heridas por los años de aislamiento pasados con el tiempo tampoco han cicatrizado. El cierre de la verja fue una segunda y muy grande victoria política del franquismo después de infligir a Inglaterra la gran derrota en la ONU, que reconoció a Gibraltar como colonia y ordenó que España y Gran Bretaña lo ante y mejor de la pronta negociaran y su descolonización.

¿Por qué resistió Inglaterra? La respuesta se ve ahora con claridad: pensaba que cuando Franco muriese podría presionar a los políticos españoles, a quienes despreciaba, con el señuelo de la «democracia». Si querían pasar por demócratas tendrían que abrir la verja. Y así ocurrió. Felipe González no sólo abrió la verja, sino que les hizo concesiones que a muchos nos parecen traiciones: Un aeropuerto construido sobre suelo español, las líneas telefónicas que Gibraltar necesitaba para convertirse en emporio económico y paraíso fiscal...

Con el tiempo la verdad se impone sobre el engaño. La clase política de la transición, sobre la que se han vertido grandes alabanzas, fue mediocre en extremo, y fue cuando construyó una democracia falsa de partidos, no de ciudadanos, plantó las semillas de los gravísimos problemas actuales, cometiendo graves errores que no sería capaz de corregir y estropeando progresivamente el magnífico legado del régimen de Franco, que entregó a los politicastros un país próspero con un crecimiento al que llamaban "el milagro español", el cual costaba el menos endeudado de toda Europa, junto con Luxemburgo.

Una de las «hazañas» más vergonzosas de la transición fue la anulación de la victoria política del franquismo y la conversión de Gibraltar en una verdadera llaga purulenta para España y para la democracia. El aburrido Leopoldo Calvo Sotelo prometió abrir la verja y fue Felipe González, lleno de deudas contraídas con los estados europeos que le auparon hasta el poder, quien abrió la verja y consumó la entrada en la OTAN, a la que parecía oponerse.

La humillación de España ante Gibraltar ha sido constante y tristísima desde entonces. El último episodio acaba de producirse: El rey ha ido a Londres para ser condecorado por la reina de Inglaterra con la orden de la Jarretera, símbolo suntuoso del poder británico, sin tener en cuenta que su deber es, y será siempre, luchar por la recuperación de Gibraltar sin confraternizar con un país que, aunque se finge aliado, ha sido y sigue siendo el peor de los enemigos de España en el mundo.

Nuestros políticos actuales, divorciados de su pueblo, desprestigiados, rechazados por los ciudadanos en las encuestas, sin peso en el mundo y con fama de corruptos empedernidos y fracasados, son la casta sumisa que los españoles padecemos.

Gibraltar no es su peor pecado, pero sí uno de los más sangrantes y vergonzosos porque esa colonia nos refriega cada día la humillación a la que nos tienen sometido los británicos, sin que nuestros políticos, cobardes y desalmados, hagan nada por recuperarla, como es y será siempre su deber. Se nos se han muerto nuestros abuelos, y nuestros padres están al borde del final de sus vidas, y se han perdido los valores y gallardía de nuestros antepasados.