PENSAMIENTOS

  • Escrito por Laureano García
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SE NOS ACABO EL AMOR

SE NOS ACABO EL AMOR

¿Se preguntarán el porqué de mi tristeza, ayer termino ese camino ansioso y soñado por dos corazones que hoy están destrozados, con esfuerzo y lucha estuvimos despejando el camino a nuestro nuevo hogar, sacando con nuestras propias manos, todas las hierbas malignas y todas las piedras que estaban postradas en nuestro camino? Cuando solo quedaba unos seis metros para llegar a la puerta del que debería ser nuestro hogar, me comunicaste que habías perdido o extraviado el amor.

Tres conceptos aislados pero que llegan en algún punto a unirse, tres palabras claves en la vida, tres etapas, tres pasos de una metamorfosis que todo ser humano pasa. El amor se expresa de mil maneras con una sonrisa, con una mirada, con una caricia, con una palabra el amor nace y crece día a día, ¿Alguna vez has visto a una mujer embarazada? ¿Has visto con que ternura le pinta el mundo día a día su hijo aun sin saber si la escucha?, ese es amor un amor desinteresado, un amor eterno, un amor sincero.

Has tenido entre tus manos otra que te ayuda, otra que te comprende, otra que te da fuerzas eso también es amor y no necesariamente entre un hombre y una mujer te preguntas ¿Cómo es posible esto? ¿Alguna vez te has sentido pisoteada, destruida, humillada? Y cuando piensas que la vida te ha abandonado hay alguien que siempre está ahí para decirte ¡¡vamos amiga sal adelante!!

Pero el amor que sientes hacia una mujer es como el pan de la vida, aunque después se convierte en el hambre más atroz, es un sentimiento que te hace renacer, sentir al máximo, sonreír entre lágrimas, te eleva, te ayuda algo extraño, pero dime ¿Cómo sabes?, ¿Cómo determinas a que mujer amar? ¿Cuál es el secreto?, cual es la señal, no la sé, solo sé que al verte la vida me cambió.

Se acabaron los miedos, salió de nuevo el Sol, supe entonces que en ese momento eras la persona a quien deseaba darle las buenas noches todos los días, alguien especial, anhelaba con todas mis fuerzas decirte te quiero, porque cuando estaba junto a ti, cuando sentía tu calor cerca ya no era lo mismo.

Ahora estaba más completo, era más feliz, todo era fácil, todo mi mundo giraba y a cada cambio que daba venia consigo esta pregunta ¿Eso era amor?, este sentimiento que me hacía ver las cosas de otro color que me hacía especial, único, que me hacía más hombre que me llevaba de la mano hacia un mundo donde era el más frágil pero ante ti el más fuerte, el más infantil pero ente ti el más experimentad ¿Eso era amor?

Esto que despertaba en mi la dualidad de mi ser, esto que despertaba al hombre y a si con todas mis dudas me aferré a mi respuesta “lo que yo sentía por ti era AMOR” ya cuando estuve decidido a decírtelo me di cuenta de que tú no me veías igual que yo a ti.

Yo no despertaba en ti todos esos sentimientos que tú en mí, tú no tenías amor en tus ojos y si lo tenías no era para mí. Y al no ver más en tu mirada comprendí, que, aunque yo te amara tan intensamente, tú me rechazabas de una manera cruel. Todo lo que pensaba decirte, todo lo que me hacías sentir de repente ya no tuvo sentido. Tú no me tomabas como el hombre que te amaba, tú simplemente me veías como el niño que aun jugaba y eso me hería.

Entonces las preguntas comenzaron nuevamente porque a mí, porque ella, porque te enamoras de la persona equivocada, porque aquel sentimiento que me elevaba ahora me hundía. Tan profundo, todos mis miedos volvieron y con ellos la soledad.

Y ahora este sentimiento me acompañaba y me hacía pensar que en mi camino solo existiría la soledad y que nunca nadie me diría te quiero, sentirme tan solo hacía que pidiera a gritos un minuto junto a ti, para darte todo lo que pensaba darte en una vida, para que en un solo beso te hiciera sentir cuanto te amaba.

Pero no me obsequiaste ese minuto que pedía, mi amiga la soledad volvió conmigo era como una sombra, era esa mirada fría, era esa voz que me repetía “No te quiere no eres para ella”. Entonces intenté sobrevivir, pero tomé el camino equivocado, porque le reprochaba a la vida el haberte conocido y aun cuando yo quería sonreír esa sonrisa me quemaba por dentro y todo lo que intentaba no me hacía sentir mejor.

Creo que aun dentro de mí guardaba la esperanza de que por fin me viera como yo a ella, que me dijera te quiero como yo se lo hacía saber. Pero nunca pasó. Y fue ahí cuando comprendí que no valía la pena sufrir y que la vida era un sin fin de eso. Y que aún me faltaba por vivir. Entonces, ya convencido de que, aunque te amaba tu no serías para mí y que todo ese amor que llenaba cada centímetro de mi cuerpo, que salía por cada poro de mi piel, no era que estuviera mal sentirlo.

Era simplemente que estaba mal dirigido. También descubrí que en mi soledad me fortalecí. Que ahora me conocía más a mí mismo, que seguía siendo feliz, que la soledad no es un enemigo sino más bien un compañero que está ahí, que va contigo cuando ríes, cuando lloras, cuando amas, cuando odias. Aprendí que aquel que esta solo no es aquel que está vencido ni el que está mal si no es aquel que de verdad ha aprendido a estar consigo mismo.

Al pasar por esta etapa de duelo, de aceptación, vino con ella el olvido, pero no el olvido general. Solo me dediqué a olvidar todo lo que me hizo dañó, no te olvidé a ti, mi gran amor, ni olvidé mi soledad. El olvido trajo consigo paz, tranquilidad… Fue la ola más grande que dio el último alboroto al mar.

Entonces escribí esta nueva página en el libro de mi vida y te agradecí el haberte amado. Agradecí el haberme sentido solo y agradezco a cada momento el haberte olvidado.

Sé que pronto volveré a amar, pero también sé que algún día, aunque este lejano alguien me amará. “EL AMOR NUNCA SE ACABA…