LADYDi, Y EL SEXO


En marzo de 2004, el semanario Sunday People se asomaba a los quioscos con el titular "Diana, bomba sexual". Eran los tiempos en los que la prensa de la vida rosa británica atribuía a la princesa,

fallecida ocho años antes, una interminable ristra de amantes. Ya era vox populi que la mujer a la que el príncipe Carlos había llevado al altar, "el matadero", como ella lo definió, disfrutó de los placeres de la carne con muchos más hombres de los que pudo imaginar en su acomplejada niñez.

Militares, deportistas, empresarios... habían estrechado sus brazos a una princesa del pueblo que, desde que se dio cuenta, nada más casarse, en julio de 1981, de que su boda era un error, y hasta su fatídico accidente mortal, el 31 de agosto de 1997, se dedicó a buscar desesperadamente el amor, con obsesión enfermiza. El desamor del heredero británico hizo muy infeliz a Diana. Y el sexo, la traumatizó. Es una de las conclusiones que cabe extraer de la emisión en el Reino Unido del polémico documental Diana, en sus propias palabras, que ha batido récords de audiencia en Channel 4.

En vísperas del 20º aniversario del fallecimiento de Lady Di, el canal se ha atrevido a proyectar vídeos y grabaciones de audio que capturó entre 1992 y 1993 su entonces profesor de dicción, Peter Settelen, a modo de ejercicios prácticos. En estos registros inéditos, la princesa, que, mientras hablaba a corazón abierto, todavía estaba casada con Carlos de Inglaterra, no lo olvidemos, confiesa algunos de sus traumas sexuales.

¿Cómo está tu vida sexual con tu marido? pregunta el instructor. Bueno... La hubo, la hubo. Siempre fue muy rara, muy rara. ¿Por qué hablas en pasado? ¿qué quieres decir con muy rara?. Yo me daba cuenta de que lo nuestro era raro. En los primeros años, hacíamos el amor una vez cada tres semanas. Aunque la iniciativa nunca venía de él. Con el tiempo esa chispita se fue apagando, y yo diría que hace siete años que no tenemos nada".

Los silencios, los titubeos y las respuestas de la princesa desvelan que nunca se sintió a gusto en el terreno carnal con su marido. Y admite entre triste avergonzada que no habían vuelto a tener contactos íntimos desde hacía siete años, coincidiendo con el embarazo de su segundo hijo, el príncipe Enrique. Se resuelve así el dolor también el interrogante de por qué Carlos y Diana, no tuvieron más descendencia y nunca llegó la deseada niña.

Ya hace algunos años se conoció la confesión que la princesa del pueblo habría hecho a una de sus amigas, Simone Simmons, definiendo los actos sexuales con el príncipe como «un bombardeo», por la sensación de devastación y tristeza con la que se quedaba después. En las cintas que ahora ven la luz Diana no se le puede disimular la amargura que a esas alturas del matrimonio, roto hacía mucho, le seguía produciendo la relación de Carlos con su gran amor, Camilla.

Yo quería desesperadamente que funcionara el matrimonio, porque amaba a mi marido", se justifica Diana ante su profesor de oratoria, mortificada porque el suyo siempre hubiera sido un "matrimonio de tres". "Recuerdo haber dicho a mi esposo: '¿por qué esta señora' (Camilla) Y me dijo: Bueno, me niego a ser el único príncipe de Gales que nunca tuvo una amante.

Diana no sólo se sintió siempre profundamente celosa de Camilla, culpándola de la destrucción de su hogar algo sin fundamento, puesto que Carlos nunca estuvo enamorado de Lady Di, y irremisiblemente ésta tampoco se casó enamorada del príncipe. Es que también la odiaba porque sentía que no podía competir con ella en el arte de amar. A la princesa le atormentaba que su rival era "una máquina sexual", según escribió su confidente y biógrafo Andrew Morton.

No debemos olvidar que, cuando se casó, Diana Spencer estaba muy lejos de ser el cisne que hoy recordamos; era una joven muy insegura, llena de complejos, en su casa le habían hecho sentir siempre "gorda". Cumplía el requisito de ser virgen para casarse con el primogénito de Isabel II.

Pero a éste, que siempre había tenido fijación por mujeres mayores que él, y del todo muy experimentadas, no debía despertarla mucho deseo su insípida mujer. Diana se volvió fuera de sí el día que escuchó una conversación telefónica de alto voltaje entre el príncipe, en el baño, y Camilla, quizá aquella en la que Carlos le confesaba a su amante que le gustaría ser su "tampax". Una fogosidad como esa, era una fogata que a Diana le achicharraba.

La princesa sofocó su despecho con un guardaespaldas, Barry Mannakee, un día de el, que se enamoró perdidamente, aunque en los vídeos dice que no tuvo sexo con él. En realidad, Diana aprendería a amar en brazos del militar James Hewitt, con quien mantuvo una relación entre 1986 y 1991. Con él disfrutó de unos placeres carnales desconocidos hasta entonces para ella. "El sexo con Hewitt era como fuegos artificiales", reconoció a su amiga Simmons.

Diana comenzaba el espectacular proceso de transformación de patito feo a cisne, también sexual. Tras su divorcio, se convirtió en otra; una mujer liberada y segura de sí misma, que se permitía escandalizar a sus guardaespaldas llevando siempre consigo un consolador que fue regalo de su hermana, a modo de amuleto, y al que bautizó como Le Gadget.