MUJERES Y HOMBRES

MUJERES Y HOMBRES

A hombres y mujeres, los celos afectan a todos. Sin embargo, ¿este sentimiento se expresa del mismo modo en ambos sexos? ¿Acaso las mujeres son más posesivas? Aquí te presentamos algunas especificidades de los celos en los terrenos masculino y femenino...

A hombres y mujeres, los celos afectan a todos. Sin embargo, ¿este sentimiento se expresa del mismo modo en ambos sexos? ¿Acaso las mujeres son más posesivas? Aquí te presentamos algunas especificidades de los celos en los terrenos masculino y femenino...

Los celos son un extraño sentimiento que toma posesión de una persona enamorada porque ésta teme que su amante le puede traicionar. Justificada o no, esta inquietud parasita violentamente la relación.

Cada vez que la pareja mire a otra persona, cada cita, aunque sea anodina, es motivo de sospecha. Pero las razones que conducen a los celos no siempre son comunes en ambos sexos: mientras que la mujer celosa se angustia porque la abandonen a su suerte, el hombre vive los celos como una pérdida de su poder. En ambos casos, sin embargo, la persona celosa persigue con odio a su pareja, y, además, a la hipotética (o hipotético) rival. La mujer, seductora al acecho.

Para la mujer celosa, el amor está acompañado de la siguiente pregunta: "¿Me quiere verdaderamente por lo que soy?". Ya sea debido a una falta de seguridad en sí misma o a un deseo desmesurado de posesión, los celos femeninos se construyen sobre la idea de que toda mujer tiene una rival; la mujer celosa evalúa a las demás mujeres, tal y como imagina que lo hace el hombre, porque considera que le acecha la traición. Su miedo a que la abandonen es tan violento como el deseo inconsciente de dominar al hombre por su exigencia amorosa.

El hombre y el ejercicio de poder.

El hombre celoso teme, por encima de todo, que otro toque a su mujer, que disponga de su cuerpo y que, durante un breve momento, la "posea". Cuando su pareja muestra su encanto, él cree que busca satisfacer a los demás, y esto, en general, no lo soporta: vive esta agresión (aunque sea imaginaria) como una pérdida de su virilidad. El celoso aceptaría que su mujer le abandonara, pero jamás podría admitir que fuera por otro. Al mismo tiempo, se imagina a este otro, sea virtual o no, como una persona que posee el poder sexual que él ha perdido.

Acoso psicológico, violencia física.

Las personas celosas, ya sean hombres o mujeres, atormentan a su pareja, pero cada uno usa métodos distintos: La mujer celosa busca pruebas materiales: olores y perfumes poco habituales, un documento olvidado en los bolsillos de la ropa, o quizás espiar el teléfono móvil de su pareja. Al mínimo indicio, su actitud se exacerba hasta creer que en cualquier momento la abandonarán. Llora, amenaza... Se esfuerza en descubrir a su rival para poder desestabilizarla y desvalorizarla a ojos de su pareja. Finalmente, no duda en cerrarle la puerta en sus narices a la persona que creía amar y lo rechaza sin darle el derecho a hablar.

El hombre celoso vigila la apariencia de su mujer y controla su empleo del tiempo, como si ella fuera un aprendiz de él mismo. Cualquier transgresión de las costumbres provoca una avalancha de comentarios y preguntas. Limita su autonomía, su vida gira alrededor de ella y aísla a los amigos y familia. Si además tiene pruebas de una traición, puede adoptar una actitud violenta, humillando a su pareja o demostrando su fuerza. No deja de dominarla, por todos los medios, porque por nada del mundo piensa renunciar a ella. En cualquier caso, se trata de una tentativa desesperada para realizarse en un amor imaginario que provoca, casi siempre, sufrimiento, tanto en el caso del hombre como en el de la mujer.

PALABRAS HIRIENTES

Saliéndome un poco del tema como solemos comportarnos en el mundo de la seducción entre parejas, quisiera dar unas pinceladas en lo referente a llamar SEÑORA O PROSTITUTA a una mujer, sea cual sea su condición social e humana. No sé si mi alma sea perversa o es que no entiendo la ligera diferencia entre doña, señora e indecencia. O es que tal vez los tiempos cambian y ahora mi sexo vale más que un orgasmo o un te llamo. Una vez entendí que debía acostarme con un hombre por amor, entrega y lo que sea. Pero hoy mi frase preferida, la que en su día me enseño mi abuela, “Primero posición y después corazón” es lo que vivo entre todas las mujeres que conozco, y me pregunto porque me llaman irreverente cuando digo que todas llevamos una puta dentro.

Cuando repito que me encanta el sexo, que no me da vergüenza decirlo, sí hablo de masturbación, perdón autoerotismo, sí ya ves, la mayoría termina pensando que soy una perversa, de hecho, no me consideran una mujer respetada e inteligente, claro que no, es que yo sí me atrevo a plasmar mi generación. No doy pinceladas, doy toques reales y crueles de lo que conozco y de lo que me rodea.

Y que va, mujeres porqué señalar a las prostitutas o a las magdalenas, quienes somos para admirarlas o blasfemarlas, sí, de hecho todas las mujeres que conozco buscan un hombre que le pagué gran parte de sus gastos, y que bien, lo apoyo, no soy partidaria de una maldita liberación femenina que nos pisotea cada vez más, que nos hace endeudarnos, pagar la cuenta de cualquier Don Juan y después ocultarlo entre nuestras amigas, sin saber que la mayoría hace lo mismo, pero en el fondo desea uno que la mantenga. Sí, es mucho mejor entregar tu sexo con respuesta, que darlo a cambio de un te llamo mañana o te veo después. Cuál es la diferencia entre mujer moderna o puta de esquina.

Me está hiriendo la realidad, mis tías no se acuestan con sus maridos si no han cobrado o si no tienen dinero para el día siguiente, mis amigas no salen con sus novios si no están cerca de la fecha de cobro y aun me pregunto ¨niñas modernas o putas de universidad¨. A mí no me importa cómo me pinten, de hecho, todo el que juzga una mujer como puta ha de tener una puta como madre.

Pues quien ofende las de mi género lo hace al vientre de su madre. Hoy pongo en alto el ser mujer y la ser bendecida con nuestro sexo, que de hecho entiendo que lo tenemos para disfrutar, vivir y presumir de él, o pregúntenles a los hombres.

Laureano García Agudo.